Vivir para trabajar. Los pobres felices

Posted on septiembre 16, 2012

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Ayer, fruto de la casualidad, me encontré en Guadalajara a un buen amigo que yo hacía todavía en Guinea Ecuatorial. Llegó hace dos semanas de este país que en términos de PIB per cápita se encuentra en el puesto 48 del mundo según la Wikipedia, pero en el que tal y como él me cuenta el 99% de la riqueza pertenece al 1% de la población. La clase media no existe, es una dictadura con su correspondiente policía y ejército corrupto y sin libertades. Sin embargo, dice que es un país seguro y que además la gente no pasa hambre, pues la fruta crece allí en las calles como si fuese maleza.

Tal y como me decía, le sorprende que los guineanos apenas se muevan. La señora de la limpieza de la universidad en la que enseñaba no limpiaba. Si llovía, sus alumnos no iban a clase hasta que no paraba, si cuando terminaba la clase llovía, se quedaban en la universidad hasta que parase. Raro en un país en el que se pasa todo el día lloviendo. Pero… ¿tienen prisa? Seguramente mucha menos de la que tenemos los estudiantes en España cuando salimos corriendo de clase para hacer mil cosas, subirnos a metros y autobuses y estresarnos porque difícilmente conseguiremos un trabajo decente que nos permita vivir tal y como nos hace desear el sistema consumista en el que vivimos.

Ellos, que viven en casas que nosotros podemos considerar chabolas, no conocen otra realidad que esa y tal vez sean más felices que nosotros. Si les preguntamos que si son pobres, contestarán que sí, pues saben que lo son. Por supuesto, saben cómo vivimos nosotros y les gustaría imitarnos. Pero, si les preguntamos que si son felices también dirían que lo son, una respuesta que ya no es tan frecuente entre los habitantes de Europa.

Recuerdo que en mi viaje de turismo a Túnez, desde el principio nos dijeron que el sur estaba mucho menos desarrollado que el norte del país. Era verdad, según nos alejábamos de las ciudades del norte, entrábamos en zonas totalmente pobres donde la gente vivía de la ganadería y la agricultura y apenas contaban con tecnologías o comodidades como las de occidente. A todos nos parecía divertido ver que no hacían nada, no se movían, pasaban las horas tumbados en el suelo jugando a las tres en raya o tomando té. Permanecían lejos del estrés, del desarrollo y de las grandes empresas. Nuestro guía les llamaba vagos, pero ahora creo que deberíamos definirles como personas cómodas, felices y vividores.

Son zonas subdesarrolladas, pero realmente creo que mientras no conozcan lo que nosotros llamamos desarrollo, mejor que vivan tal cual están. Ellos trabajan para vivir en el mundo pobre y subdesarrollado, nosotros vivimos para trabajar en el lado rico y desarrollado. Mientras las grandes multinacionales de occidente no lleguen para explotarlos, las guerrillas no afloren, tengan comida y sigan manteniendo sus costumbres y lazos familiares, no podrán considerarse personas desafortunadas.

Como ya les digo a mis amigos, los niños más felices que he visto nunca son con los que jugaba en las cascadas de Chiapas, el estado más pobre de México. No tenían ropa de marca, videoconsolas ni nada parecido, pero llevaban una sonrisa de oreja a oreja. Mientras, aquí seguimos pensando que somos pobres porque vivimos en un piso de protección oficial y no en una casa con patio.

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Posted in: Opinión